Así despedía José Bellomío-mi padre- al morir el viejo cuidador de aquella, su pequeña quinta de veinticinco hectáreas en el Timbó Viejo.
En aquella tarde de domingo 23 de junio de 1968, día del padre, que fue la de su propia muerte, a sus 47 años, no hubo despedida formal, ya que lo ultimo que le escuché decir en esa hermosa y soleada mañana invernal, con alegría en su rostro fue: “Esta tarde iré a visitarte a la guardia”, donde yo me desempeñaba, en ese entonces, como practicante menor,en el hospital Centro de Salud.
Ese día, efectivamente,tuve,la que sería su última visita,pero nunca supuse que lo haría, inexplicablemente para mí,en esos momentos,con cuatro balas en su cuerpo, ya sin vida desde unos minutos antes.
Desde ese día mi vida ,que solo tenia 22 años, cambió tan drásticamente que ya nunca volví a ser el que era hasta ese momento, y quizás eso determinó, todo lo que como persona fui a partir de allí. Nunca sabré si para mejor o peor, solo estoy seguro que lo que llegue a ser,o no ser,tuvo como directriz ese hecho tan brutalmente traumático, al entender, en esos minutos, la esencia de la finitud del ser,en esa camilla, en esa tarde, en la sala de guardia, en el cuarto a solas, con el cuerpo aun caliente de mi padre ,trajeado, con corbata, y ante el cual,profundamente conmovido, me comprometí a salir ,con mi famila ,adelante.
¿Habré cumplido?
Ya me lo dirás,proximamente, cuando nos reencontremos
miércoles, 23 de junio de 2010
sábado, 19 de junio de 2010
Parte del discurso pronunciado por José Saramago cuando le entregaron el Premio Nobel
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.
Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.
Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado.
Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.
Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.
Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.
Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?".
Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo.
Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.
Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza".
Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños.
Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.
Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver."
Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.
Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado.
Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.
Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.
Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.
Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?".
Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo.
Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.
Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza".
Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños.
Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.
Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver."
DESPEDIDA
“Se fue, pero se quedó. No quiero palabrear las emociones. Digo que en este mundo hay finales que son también comienzos, muertes que son nacimientos. Y de eso se trata. Siempre estuvo al lado de los perdedores. Nos hará falta, pero seguirá resonando desde sus libros. Como dije sobre Mario Benedetti hace un año: ‘Hay cosas que se dicen callando’.”
(Palabras de despedida de Eduardo Galeano, al enterarse de la muerte de su amigo José Saramago.)
(Palabras de despedida de Eduardo Galeano, al enterarse de la muerte de su amigo José Saramago.)
JOSE SARAMAGO

16/11/1922_________18/06/2010
FRASES
Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.
Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir
Existen dos superpotencias en el mundo; una es Estados Unidos; otra, eres tú
En Todos los nombres hay una sola persona que tiene nombre y se llama José, no porque sea mi alter ego, yo buscaba un nombre insignificante y la verdad es que el más insignificante que encontré fue el mío.
Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe.
Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran
Lo que realmente nos separa de los animales es nuestra capacidad de esperanza
La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad
Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar
Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes
Algunas veces, las vidas largas significan soledad
No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca
No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible
El bien y el mal no existen en si mismos, y cada uno de ellos es sólo la ausencia del otro
Al final descubrimos que la única condición para vivir, es morir
Actualmente los laboratorios invierten más en mejorar y producir viagra y en desarrollar mejores prótesis mamarias que en medicamentos para el Alzheimer. Ésto provocará -en el curso de unos años- que más gente de la tercera edad tendrá mejores erecciones y senos más prominentes, pero no recordarán para que los tienen
Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.
Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.
Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.
No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.
Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.
¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?
Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
No te pido que me lo cuentes todo, tienes derecho a guardar tus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa tu vida, tu futuro, tu felicidad, ésos quiero saberlos, tengo derecho, y tú no me lo puedes negar.
El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia.
No busques trabajo: escribe.
Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada.
El nombre que tenemos sustituye lo que somos: no sabemos nada del otro.
Vivimos observando sombras que se mueven y creemos que eso es la realidad.
A lo mejor estoy en un momento de la vida en que me creo tontamente saber algo de la vida.
Vamos hacia los quinientos canales de TV, y ¿para qué sirven? Para que la gente no cuestione el poder.
Yo no decido sobre lo que voy a escribir. No, yo espero a que algo ocurra.
No sólo hay desigualdad en la distribución de la riqueza, sino en la satisfacción de las necesidades básicas.
Para quien se está muriendo de hambre la realidad no es huidiza es algo que está allí. Se puede filosofar mucho acerca de la realidad, de si lo que vemos es lo que es y todo eso, pero hay que reflexionar sobre los hechos que tienen que ver con la situación del mundo.
Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.
El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.
Las noticias políticas no son más que declaraciones. Es como el mundo del fútbol, los presidentes se calumnian, se intrigan, protestan, pero ¿quién gobierna los países? Las finanzas internacionales.
La literatura siempre ha sido una actividad minoritaria. Me parece que ahora se lee y se escribe más. Quizá por la informática.
El poder lo contamina todo, es tóxico. Es posible mantener la pureza de los principios mientras estás alejado del poder. Pero necesitamos llegar al poder para poner en práctica nuestras convicciones. Y ahí la cosa se derrumba, cuando nuestras convicciones se enturbian con la suciedad del poder.
(...) Ese jardín encantado quizá haya sido para el niño feliz, el que está descubriendo el mundo. Pero quise sacar a luz también al niño infeliz, al niño melancólico. Yo le digo a la gente, ¿tu niño está triste? Déjalo estar, está creciendo. Pequeñas memorias tiene un epígrafe que dice "déjate llevar por el niño que has sido". Tengo tan presente a ese niño como si yo fuera por ahí llevado por él, de la mano.
(...) Como cualquier otro lector, o escritor, me busco a mí mismo. Busco encontrarme en páginas, en ideas, en reflexiones, reconocer que somos algo más que esto que se presenta como "realidad", ése sigue siendo el mayor deslumbramiento.
Las sociedades son apáticas y ni siquiera la evidencia de los hechos las conmueve o las mueve. Si no hay resistencia se puede llevar a las sociedades donde quiera. La sociedad civil, tan reclamada y aplaudida por políticos es la más manipulada y más allá está el caso de las multinacionales que desvirtúan las democracias. En democracia el ciudadano debe elegir, que yo sepa las multinacionales no se presentan a las elecciones y tienen el poder efectivo, real. Es una comedia de engaños.
Hemos pronunciado no sé cuántos millones de veces la palabra "libertad", pero no sabemos lo que es, porque no la hemos vivido, y la estamos interpretando como permisividad.
No he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras.
La memoria es selectiva y tiende a borrar las partes duras, va armando un recuerdo basado sólo en lo más dulce… Pero hay que tratar de ser honesto.
Es un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y es la hora de la siega...
Lo más curioso, para no decir lo más tristemente divertido, es que las instituciones democráticas son buscadas y queridas por organismos no democráticos.
Cuando uno levanta muros, está volviendo a la Edad Media. Si no encuentras ninguna otra forma de resolver los problemas humanos, estás dando marcha atrás en el tiempo.
El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido.
Hay personajes de novela que están más vivos que algunos que andan por allí. (...) ¿Hay alguien más vivo que ellos? O esos personajes de Shakespeare, grandes, pequeños, mediocres, magníficos, que vienen de la literatura pero que también están aquí, vivos, entre nosotros...
NOS VAMOS PONIENDO VIEJOS
Años
El tiempo pasa,
Nos vamos poniendo viejos,
El amor no lo reflejo como ayer
En cada conversacion
Cada beso, cada abrazo,
Se impone siempre un pedazo de
Razon
Pasan los años
Y como cambia lo que yo siento
Lo que ayer era amor
Se va volviendo otro sentimiento
Porque años atras
Tomar tu mano
Robarte un beso
Sin forzar un momento
Formaban parte de una verdad
El tiempo pasa
Nos vamos poniendo viejos
El amor no lo reflejo como ayer
En cada conversacion
Cada beso, cada abrazo
Se impone siempre un pedazo de
Temor
Vamos viviendo
Viendo las horas que van muriendo
Las viejas discusiones
Se van perdiendo
entre las razones
A todo dices que si
A nada digo que no
Para poder construir
Esa tremenda armonia
Que pone viejos los corazones
El tiempo pasa
Nos vamos poniendo viejos
El amor no lo reflejo como ayer
En cada conversacion
Cada beso, cada abrazo
Se impone siempre un
pedazo de Razon
jueves, 3 de junio de 2010
Jorge Washington Ábalos
Había una vez un maestro santiagueño que enseñaba a sus alumnos en pleno monte, en un sitio donde la civilización no pudo llegar porque no la dejaron entrar. Un lugar donde la gente hablaba su propio idioma, practicaba su propia religión y dictaba sus propias leyes. Un reino de tierra seca, sol ardiente, dulces quimiles y tijeretas sedientas, al cual sus habitantes extrañamente gustaban llamar "Pago dichoso".
A ese lugar, enclavado en las costas del río Salado, llegó un día un muchachito de 16 años con su título docente bajo el brazo. Se llamaba Jorge Washington Ábalos y nunca imaginó que desde ese pedazo de tierra perdida en el mundo, donde no existía la electricidad, el agua potable, ni la medicina, iba a llegar convertirse en un científico de renombre mundial.
Su historia es un ejemplo de vida, un mensaje para todos los que abandonan una batalla antes de librarla. Ese maestro de campo que tuvo que aprender quichua para poder hablar con sus alumnos, que fue médico, enfermero y cura, que lloró de tristeza por la muerte de una alumna mordida por una víbora venenosa y se transformó después de ese triste episodio en un investigador que llegó a mostrar sus conocimientos en la mismísima Universidad de Harvard, en los Estados Unidos.
Y como si todo eso fuera poco, se dio tiempo para "pintar su aldea" en "Shunko" una obra literar! ia que describe como pocas las vivencias de los changuitos del monte santiagueño. Un relato magistral que conmueve a todos los que lo leen, que llegó al cine de la mano de Lautaro Murúa y que fue editado en la Argentina, Brasil, Rusia y Japón.
Bandeño de alma
Jorge Washington Ábalos nació accidentalmente en La Plata el 20 de septiembre de 1915, aunque su familia vivió siempre en la bandeñísima calle Besares de la "Ciudad de Poestas y Cantores".
Su padre, don Gabriel Ábalos, era un escribano itinerante que viajaba con su familia por el país. Así fue como Jorge Washington vino al mundo en La Plata, pero fue la escuela primaria en La Rioja, después continuó en General Acha (La Pampa) y luego en La Banda, para recibirse finalmente de maestro en la Escuela Normal de Profesores de Santiago.
A los 15 años se fue a trabajar al interior en la zona de Puente Negro en la zona del Salado. Al llegar, se encontró con la sorpresa de que tenía que dominar el quich! ua para poder enseñar. Allí, entre esos "shalakos" del Salado, edificó su vida y dejó para siempre su corazón.
En este lugar, un acontecimiento trágico que él mismo relata en Shunko le cambió para siempre la vida. Una de sus alumnas, Ana Vieyra, fue mordida por una víbora venenosa y murió por falta de suero antiofídico. Ese día, su maestro juró "matar a todas las víboras del mundo". Y a su manera, cumplió la promesa.
"En realidad fue una figura simbólica porque más que matarlas se dedicó a sacar el veneno de las víboras para elaborar el suero y así conseguir que no mueran más niños como Ana Vieyra", comenta su hijo.
Y así fue exactamente. Desde ese momento, Jorge Washington trabajó afanosamente para proveer del mortal veneno a los institutos de animales venenosos. Tomó contacto con verdaderas eminencias del país y comenzó una carrera profesional que lo convirtió en una auténtica celebridad.
Nace el científico
Su abnegada carrera docente tuvo su! premio. En 1934 fue designado director de escuelas rurales nacionales en la provincia de Santiago del Estero, cargo que ocupó hasta 1942. Pero sus investigaciones científicas ya habían trascendido los límites de la provincia y fue becado para realizar estudios sobre animales de importancia médica en el Instituto Osvaldo Cruz de Río de Janeiro.
Éste fue el verdadero despegue de su labor investigativa. Al regresar de Brasil renunció a su cargo docente y pasó a desempeñarse como etmólogo del Instituto de Medicina Regional en Universidad Nacional de Tucumán, en donde también ejerció la docencia.
Aquí se produjo un hecho que cambió su vida para siempre. Conoció a Leoni Enriqueta Albaca, una alumna de la universidad de la que se enamoró perdidamente y con la que se casó en 1945. Tuvieron tres hijos varones y se quedaron a vivir en Tucumán. Ella fue quien lo ayudó en la elaboración de su libro "Shunko" haciendo las correcciones a los textos de su marido.
Recién en 1950 ! Jorge Washington recibió el reconocimiento que merecía. La Universidad de Tucumán le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Biológicas por sus trabajos sobre insectos trasmisores de enfermedades.
También en Santiago se lo distinguió. En 1957 fue designado director del Instituto de Animales Venenosos y la Unse lo nombró Profesor Honoris Causa. Había llegado el momento de cosechar lo sembrado: en 1958 fue designado investigador en animales venenosos del Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos Malbrán y profesor de zoología forestal en la facultad de Ingienería Forestal de Santiago.
En 1966 fue profesor titular por concurso con dedicación exclusiva cátedra de zoología en la Facultad de Ciencas Exactas Físicas y Naturales de la Universidad de Córdoba. En 1975 fue designado académico titular de la Academia Nacional de Ciencias.
A lo largo de su vida publicó 60 trabajos de investigación científica. Realizó cursos de capacitación en distintos países! del mundo. Concurrió a congresos de ciencias en Honolulú, Atlantic City, Medellín, San José de Costa Rica. Recibió un subsidio del Conicet para permanecer en el Museum Of Corporative Zoology de la Universidad de Harvard. Y luego ganó la beca Guggenheim para permanecer uun año en esa prestigiosa universidad norteamericana.
En su faceta literaria llegó a ser uno de los más reconocidos escritores de su época, aunque él prefirió llamarse "simple relator de vivencias". Entre sus libros merecen citarse " Cuentos con y sin víboras", "Terciopelo, la cazadora negra"," Shunko", " Norte pencoso", "Animales, leyendas y coplas", "Coplero popular", "Shalacos" , "Don Agamenón y don Belmiro" , "La viuda negra" y "Qué sabe usted de víboras".
Sus últimos años
En el año 66 Jorge Washington fue nombrado profesor de la Universidad de Córdoba en la cátedra de Zoología aplicada que ganó por concurso. Hacia allí fue con su familia y se radicaron definitivamente en la ciudad! mediterránea.
A los 63 años, su hijo Jorge le detectó un cáncer de esófago. Sobrevivió un año después del diagnóstico, le hicieron una operación muy cruenta, pero sobrevivió. Al sentirse un poco aliviado de su dolencia, inició gestiones para conseguir una nueva beca de la Gugenheim, esta vez quería estudiar el aparato reproductor de la viuda negra. "Fue mi primer y último certificado de defunción", recuerda con tristeza su hijo. Jorge Washington Ábalos murió en Córdoba en 1979.
A ese lugar, enclavado en las costas del río Salado, llegó un día un muchachito de 16 años con su título docente bajo el brazo. Se llamaba Jorge Washington Ábalos y nunca imaginó que desde ese pedazo de tierra perdida en el mundo, donde no existía la electricidad, el agua potable, ni la medicina, iba a llegar convertirse en un científico de renombre mundial.
Su historia es un ejemplo de vida, un mensaje para todos los que abandonan una batalla antes de librarla. Ese maestro de campo que tuvo que aprender quichua para poder hablar con sus alumnos, que fue médico, enfermero y cura, que lloró de tristeza por la muerte de una alumna mordida por una víbora venenosa y se transformó después de ese triste episodio en un investigador que llegó a mostrar sus conocimientos en la mismísima Universidad de Harvard, en los Estados Unidos.
Y como si todo eso fuera poco, se dio tiempo para "pintar su aldea" en "Shunko" una obra literar! ia que describe como pocas las vivencias de los changuitos del monte santiagueño. Un relato magistral que conmueve a todos los que lo leen, que llegó al cine de la mano de Lautaro Murúa y que fue editado en la Argentina, Brasil, Rusia y Japón.
Bandeño de alma
Jorge Washington Ábalos nació accidentalmente en La Plata el 20 de septiembre de 1915, aunque su familia vivió siempre en la bandeñísima calle Besares de la "Ciudad de Poestas y Cantores".
Su padre, don Gabriel Ábalos, era un escribano itinerante que viajaba con su familia por el país. Así fue como Jorge Washington vino al mundo en La Plata, pero fue la escuela primaria en La Rioja, después continuó en General Acha (La Pampa) y luego en La Banda, para recibirse finalmente de maestro en la Escuela Normal de Profesores de Santiago.
A los 15 años se fue a trabajar al interior en la zona de Puente Negro en la zona del Salado. Al llegar, se encontró con la sorpresa de que tenía que dominar el quich! ua para poder enseñar. Allí, entre esos "shalakos" del Salado, edificó su vida y dejó para siempre su corazón.
En este lugar, un acontecimiento trágico que él mismo relata en Shunko le cambió para siempre la vida. Una de sus alumnas, Ana Vieyra, fue mordida por una víbora venenosa y murió por falta de suero antiofídico. Ese día, su maestro juró "matar a todas las víboras del mundo". Y a su manera, cumplió la promesa.
"En realidad fue una figura simbólica porque más que matarlas se dedicó a sacar el veneno de las víboras para elaborar el suero y así conseguir que no mueran más niños como Ana Vieyra", comenta su hijo.
Y así fue exactamente. Desde ese momento, Jorge Washington trabajó afanosamente para proveer del mortal veneno a los institutos de animales venenosos. Tomó contacto con verdaderas eminencias del país y comenzó una carrera profesional que lo convirtió en una auténtica celebridad.
Nace el científico
Su abnegada carrera docente tuvo su! premio. En 1934 fue designado director de escuelas rurales nacionales en la provincia de Santiago del Estero, cargo que ocupó hasta 1942. Pero sus investigaciones científicas ya habían trascendido los límites de la provincia y fue becado para realizar estudios sobre animales de importancia médica en el Instituto Osvaldo Cruz de Río de Janeiro.
Éste fue el verdadero despegue de su labor investigativa. Al regresar de Brasil renunció a su cargo docente y pasó a desempeñarse como etmólogo del Instituto de Medicina Regional en Universidad Nacional de Tucumán, en donde también ejerció la docencia.
Aquí se produjo un hecho que cambió su vida para siempre. Conoció a Leoni Enriqueta Albaca, una alumna de la universidad de la que se enamoró perdidamente y con la que se casó en 1945. Tuvieron tres hijos varones y se quedaron a vivir en Tucumán. Ella fue quien lo ayudó en la elaboración de su libro "Shunko" haciendo las correcciones a los textos de su marido.
Recién en 1950 ! Jorge Washington recibió el reconocimiento que merecía. La Universidad de Tucumán le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Biológicas por sus trabajos sobre insectos trasmisores de enfermedades.
También en Santiago se lo distinguió. En 1957 fue designado director del Instituto de Animales Venenosos y la Unse lo nombró Profesor Honoris Causa. Había llegado el momento de cosechar lo sembrado: en 1958 fue designado investigador en animales venenosos del Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos Malbrán y profesor de zoología forestal en la facultad de Ingienería Forestal de Santiago.
En 1966 fue profesor titular por concurso con dedicación exclusiva cátedra de zoología en la Facultad de Ciencas Exactas Físicas y Naturales de la Universidad de Córdoba. En 1975 fue designado académico titular de la Academia Nacional de Ciencias.
A lo largo de su vida publicó 60 trabajos de investigación científica. Realizó cursos de capacitación en distintos países! del mundo. Concurrió a congresos de ciencias en Honolulú, Atlantic City, Medellín, San José de Costa Rica. Recibió un subsidio del Conicet para permanecer en el Museum Of Corporative Zoology de la Universidad de Harvard. Y luego ganó la beca Guggenheim para permanecer uun año en esa prestigiosa universidad norteamericana.
En su faceta literaria llegó a ser uno de los más reconocidos escritores de su época, aunque él prefirió llamarse "simple relator de vivencias". Entre sus libros merecen citarse " Cuentos con y sin víboras", "Terciopelo, la cazadora negra"," Shunko", " Norte pencoso", "Animales, leyendas y coplas", "Coplero popular", "Shalacos" , "Don Agamenón y don Belmiro" , "La viuda negra" y "Qué sabe usted de víboras".
Sus últimos años
En el año 66 Jorge Washington fue nombrado profesor de la Universidad de Córdoba en la cátedra de Zoología aplicada que ganó por concurso. Hacia allí fue con su familia y se radicaron definitivamente en la ciudad! mediterránea.
A los 63 años, su hijo Jorge le detectó un cáncer de esófago. Sobrevivió un año después del diagnóstico, le hicieron una operación muy cruenta, pero sobrevivió. Al sentirse un poco aliviado de su dolencia, inició gestiones para conseguir una nueva beca de la Gugenheim, esta vez quería estudiar el aparato reproductor de la viuda negra. "Fue mi primer y último certificado de defunción", recuerda con tristeza su hijo. Jorge Washington Ábalos murió en Córdoba en 1979.
miércoles, 2 de junio de 2010
65 años ,un nacimiento , una muerte ,entre millones
Lorenzo 9 de abril 2010-PILAR- BS.AS.
1945.- Año movidito ,si los hubo:
6 de enero: SGM :II Guerra Mundial: Tropas soviéticas ocupan el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) y liberan a más de cinco mil prisioneros.
14 de enero : Muere en la calle Alvarez Condarco 395-Tucuman -Gaetano Bellomio- abuelo de Joshua.
2 de febrero: Perú declara la guerra a Ecuador.
3 de febrero: los Los aliados lanzan 3.000 toneladas de bombas sobre Berlín.
11 de febrero: se clausura la Conferencia de Yalta, en la que Roosevelt, Churchill, y Stalin acuerdan el reparto de poder en el mundo tras el final de la Guerra.
13 de febrero: Bombardeo de Dresde. Mayor bombardeo aliado durante la Guerra. Sobre la ciudad de Dresde, Alemania.
19 de febrero: Batalla de Iwo Jima: 30.000 marines estadounidenses desembarcan en Iwo Jima.
1 de abril: comienza la batalla de Okinawa, última batalla de la Segunda Guerra Mundial.
12 de abril: en EE. UU. fallece el presidente Franklin Delano Roosevelt
12 de abril: Harry S. Truman sucede a Franklin Delano Roosevelt en la presidencia de los Estados Unidos.
28 de abril: El ex dictador de la República Social Italiana (y antes, del Reino de Italia) y líder fascista, Benito Mussolini, es ejecutado por los partisanos.
30 de abril: SGM: Se suicida después de contraer matrimonio con su mujer (Eva Braun) de un disparo en la cabeza en un búnker subterráneo de la capital alemana Berlín el Führer alemán de nacimiento austríaco Adolf Hitler ante la llegada de tropas soviéticas.
7 de mayo: SGM: Rendición incondicional de la Alemania Nazi ante los aliados. Fin de la Guerra en Europa.
3 de junio: nace en Alvarez Condarco 395 -Tucuman –Argentina-Jose Bellomío.
6 de agosto: SGM: Lanzamiento de la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.
9 de agosto: SGM: Lanzamiento de la segunda bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki.
15 de agosto: SGM: Rendición incondicional del Japón ante los aliados. Fin de la Guerra en el Pacífico.
22 de agosto: SGM: La Conferencia de Potsdam define el mapa político de Europa después de la Guerra.
20 de septiembre: Comienzan los Procesos de Nuremberg contra los jerarcas nazis por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
17 de octubre: Argentina. Manifestación en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, encabezada por la CGT y Evita, en la que un millón de personas exigen la liberación de Juan Perón, detenido por fuerzas militares opuestas a su política social.
24 de octubre: Fundación de la ONU.
29 de octubre: Jean-Paul Sartre pronuncia en París la conferencia "El existencialismo es un humanismo", punto de partida de ese movimiento.
Ademas sucedieron estas cosas:
Nobel de medicina : Alexander Fleming,
Nobel de literatura: Literatura: Gabriela Mistral
Nobel de fisica: Wolfgang Pauli
Clínica Mayo: Primer uso de la estreptomicina en el tratamiento de la tuberculosis.
Erich Fromm: El miedo a la libertad.
Fundación de la Unesco.
En cine se vió:
Al morir la noche ("Dead Of Night") de Alberto Cavalcanti.
Alma en suplicio ("Mildred Pierce") de Michael Curtiz.
¿Ángel o diablo? ("Fallen Angel"), de Otto Preminger.
Breve encuentro ("Brief Encounter") de David Lean.
Canción Inolvidable ("A Song To Remember") de Charles Vidor.
Días sin huella ("The Lost Weekend") de Billy Wilder.
Dos en la oscuridad ("Two O´Clock Courage"), de Anthony Mann.
La feria de ilusiones ("State Fair") de Walter Lang.
Las llaves del reino ("The Keys Of The Kingdom") de John M. Stahl.
Que el cielo la juzgue ("Leave Her To Heaven") de John M. Stahl.
El retrato de Dorian Gray, dirigida por Albert Lewin.
Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini.
Este año nacieron entre otros :
José Luis Perales, cantante y compositor español.
Jacqueline du Pré, violonchelista británica
Bob Marley, músico jamaicano
Eric Clapton, músico británico.
Raphael, Rafael Martos Sánchez, cantante español.
Alejandro Dolina, conductor de radio, escritor y músico argentino.
Rainer Werner Fassbinder, director de cine alemán
Wim Wenders, director de cine alemán
Carmen Maura, actriz española.
Se estrenaron los siguientes tangos
Cancion desesperada Enrique Santos Discepolo- http://www.todotango.com/english/las_obras/letra.aspx?idletra=155
María (1945) Anibal Troilo
(«el sacrificio no está nunca en renunciar a lo que uno es. el verdadero sacrificio está en seguir siendo lo que uno es»).
Adios Pampa Mia Mariano Mores
http://www.youtube.com/watch?v=m_8L6MWgbc8
Naranjo en flor Homero Expósito
http://www.youtube.com/watch?v=mJHPH1d18bM
Cuando estemos lejos- Francisco Canaro
Cristal Jose Maria Contursi
http://www.youtube.com/watch?v=IiWyz-T9_2c
Situación politica
La renuncia de Perón el 8 de octubre de 1945 a los cargos que desempeñaba fue la consecuencia de la pérdida de apoyo en los mandos del Ejército. Con base en la carta que enviara a Eva Duarte desde Martín García, puede considerarse que en esos momentos Perón estaba decidido a retirarse de la política. La movilización del 17 de octubre tuvo dos efectos inmediatos: por una parte forzó a Perón a retornar a la lucha política y por la otra incidió en el Ejército volcando en su favor algunos jefes militares que antes se le habían opuesto y obligando al resto a pedir su retiro o tolerar su marcha hacia la Presidencia.
Luego de un corto lapso de descanso y de casarse con Eva Duarte el 23 de octubre, Perón comenzó su campaña política. El sector de la Unión Cívica Radical que le apoyaba formó la UCR Junta Renovadora, a la cual se sumaron el Partido Laborista y el Partido Independiente, en tanto la organización radical FORJA se disolvió para sumarse al movimiento peronista.
Domingo Mercante fue designado al frente de la Secretaría de Trabajo que, junto a muchos sindicatos, se constituyó en apoyo importante para su campaña.
Los partidos de oposición en un gran movimiento anti-peronista que incluyó a los partidos Comunista, Socialista, Unión Cívica Radical, Demócrata Progresista, Conservador, la Federación Universitaria Argentina (FUA), la Sociedad Rural (terratenientes), la Unión Industrial (grandes empresas), la Bolsa de Comercio, y los sindicatos opositores formaron la Unión Democrática que apoyaría en los comicios a la fórmula presidencial designada por la Unión Cívica Radical.El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones, en las que se impuso la formula Perón-Quijano con el 54% de los votos.
Ese año River Plate fue campeon de primera división de futbol
En Tucuman salía campeon San Martin,y el Dr. JULIO PREBISCH introducía la Homeopatía ejerciendola sin descanso hasta su fallecimiento en 1952
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