domingo, 6 de mayo de 2012

Cigota

"Podríamos decir (y durante mucho tiempo lo dijimos) que la vida es el largo y doloroso espectáculo de la muerte de nuestros sueños. Y al decirlo nos creímos sabios, profundos. Con esa sabiduría que dan los caminos recorridos, los baches, los abismos, las heridas fatales de nuestras mejores esperanzas. Sartre (quién si no) solía decir: Como todo soñador confundí mi desencanto con la verdad. Pero al decirlo ya nos estaba diciendo que no era así. Porque alguien que larga esa frase sabe que no era cierta. Esa frase expresa la verdad contraria: Como todo soñador confundí mi desencanto con la verdad, pero no era así, no era la verdad, era –en todo caso– la que mi desencanto me entregaba, pero bastará con encantarme otra vez para que otra verdad aparezca. La vida, el amor, la política, la historia son eso: una ligazón profunda con algo que nos trasciende. Desde muy pibe, cuando estaba metido a fondo con las cuestiones religiosas de la tragedia, aprendí que religión viene de re-ligare. Y que re-ligare es ligarse hondamente con la totalidad de lo real, con la vida. El que ama la vida no la desperdicia. La tiene para él y también para los demás. Somos el Otro. Nos vemos y nos descubrimos en el Otro y él en nosotros. Podemos descubrir todos los matices de la experiencia humana: desde el odio hasta el amor. Pero si descubrimos el compartir, el estar juntos, el creer en algo que nos envuelve, una meta, un proyecto, entonces nos lanzaremos hacia el futuro y el presente se volverá imprescindible. El presente se construye porque lo vemos desde el futuro. Si no tuviéramos una percepción de un futuro posible y mejor estaríamos condenados a la inacción...."José Pablo Feinmann